sábado, 20 de abril de 2013

Sobre guerras y otros lances.



           Al hilo del atentado sucedido en Boston esta semana, se me ocurre viajar en el tiempo……pongamos por ejemplo que mi viaje me lleva hasta Atapuerca, donde el “Homo antecesor” probablemente defendía su territorio y su alimento con la única intención de la mera supervivencia. Si sigo viajando hacia este siglo pasaría por diversas y maravillosas culturas, todas ellas erigidas en un sin fin de batallas, conquistas y reconquistas. No en vano las culturas siempre han tenido en la guerra a uno de sus más fieles aliados, es casi seguro que una cultura muere cuando otra la extermina. En todo este tiempo el arte de guerrear cambió a pasos agigantados, nuevas armas, nuevas estrategias, nuevos motivos (religión, riqueza, poder) ¿qué ha cambiado entonces?. Quizá el cambio lo encontremos en la Globalización.

            Hasta hace un siglo las guerras las hacían los ejércitos, hoy dudo mucho que esto siga siendo exclusivamente así. Actualmente la guerra la hace una persona que coge una mochila y es capaz sin ningún escrúpulo de dejarla en una línea de menta de una maratón donde sabe que va a haber miles de personas, y todo ello seguramente en aras de dignificar su religión mancillada por esos miles de infieles.

            Pero no solo hacen guerras los súbditos, ¿qué hay de los dirigentes?. El estilo en general está cambiando, sino fijémonos en la (Führer) actual de Alemania, es muy seguro que no se le ha pasado por la imaginación emular a su homónimo “Hitler” sacando los tanques a la calle. Ella es más sutil más sibilina, todo consiste en ahogar económicamente a los países, “culturas” que queremos conquistar. Llevamos un lustro en guerra los Europeos y no nos diferenciamos de los Africanos de Somalia o de los Asiáticos de Corea en nada más que en la forma en la que guerreamos. Personas oprimidas por las balas o los carros de combate, que no se diferencian en mucho de esas buenas gentes que están viendo como sus vidas y sus familias son destruidas sistemáticamente por un sistema totalmente demoledor. (Unos mueren en el campo de batalla o en la soledad de su hambruna, otros simplemente se ven abocados a quitarse la vida en algún caso).

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