Después de los años,
la serenidad del gesto,
la certeza
de que no hay nada
más allá
que nos quiebre la mirada,
que la vida es
—si somos—
ese recodo del río
donde se remansa el alma.
Después de los años,
la serenidad del gesto,
la certeza
de que no hay nada
más allá
que nos quiebre la mirada,
que la vida es
—si somos—
ese recodo del río
donde se remansa el alma.
A Eva
Nada es —sino tú—
detrás del tiempo y
las heridas,
que nos hablan en silencio
al cerrar los ojos.
Nada, más importante
que tu mirada,
que tu gesto dulce,
que el abrazo,
cuando nos pesa el recuerdo.
Nada yo,
—sin ti—
sin el beso apacible
de tu alma desnuda
y tu sonrisa de lluvia.
Nada que conservar
en mis latidos,
si no me abraza la sombra
de tu luna llena:
Ni siquiera la vida.
De la infancia
recuerdo aquella playa,
—pequeña—
donde un niño de pueblo
abría los ojos de par en par,
y siempre veía olas gigantes.
Ella no sabe de la noche
no podrá describir
nunca
en su diario
las horas que le faltan
no verá
en el espejo su desnudez
reflejando
la cara oculta de la luna
y no tendrá
un sitio
en el jardín
de las constelaciones
por raro que parezca
Aurora
siempre
acostumbra a soñar
despierta.